domingo, 18 de marzo de 2012

Calaveras a Estribor ~Capítulo 7: Historias del Pasado (II)

Un silencio incómodo se tradujo en el fin de la historia del capitán, cuyo secreto había sido revelado a su fémina receptora. Acoplándose de nuevo en el asiento, quiso dar por terminado el asunto diciendo:

-Yo no elegí esta vida, creeme...pero me obligaron a ello.
Saphiro asintió y añadió: -Te comprendo..., yo también debo disculparme por lo de antes..es que..-tomó un sorbo de ron para animarse y continuó: ..perdí a mis padres debido a un ataque pirata.

-¿Cómo es eso?-preguntó el capitán para intentar evadir su antiguo pasado.
- Mis padres y yo estábamos siempre explorando zonas en busca de tesoros, nos ganabamos la vida con lo que encontrábamos. Y...

Hará varios años, una embarcación rústica de vela con tres tripulantes, desembarcaba en una alejada isla de las aguas del Pacífico. Una mujer, un hombre y una niña de apenas 8 años salían del interior del barco y empezaban a merodear por la isla.

-Bien, es hora de empezar la búsqueda-el hombre joven rubio y vigoroso lideraba la marcha.
-¿Papá, que estamos buscando esta vez?-la niña morena parecía muy animada por la excursión.
-Es un objeto con muchísimo valor y muy apreciado, en realidad está formado por dos piezas...son dos espadas de un legendario pirata que murió sólo en esta isla.

La madre continuó la historia, ya que su hija seguía preguntando las incógnitas sobre el pirata.
-Se dice que ese pirata llamado Peste Negra debido a que por donde pasaba sembraba de miedo y muerte, fue capturado por la Marina Inglesa y fue desterrado a esta isla.

La historia continuó mientras seguía el camino hacia una caverna sepultada en un lago, el hombre se paró y dijo lentamente.
-Aquí es - se quitó la mochila que llevaba y la camisa, y se dispusó a bucear para entrar en la caverna. Transcurridos unos minutos, el padre salió y portaba dos espadas brillantes con una inscripción distinta en cada hoja metalizada. Los rubíes de su empuñadura resaltaban en su dorado material.

De repente un estruendo sonó y los padres de la chica miraron hacia el lugar del que provenía.
-Mierda...¡rápido esconde a la niña, son piratas!-el joven le pasó las espadas a la madre, y sacó un arcabuz de pequeño tamaño de la mochila. Se dirigió corriendo hacia el atronador ruido.

-Saphiro, escóndete, debo ayudar a tu padre...tranquila volveremos-la mujer le dió las espadas a la niña, que fue escondida entre unos matorrales.

Transcurridos unos minutos, dos disparos condenaron a la niña a ser huérfana.

-Y esa es mi historia..-Saphiro miró a los ojos a Quimera, éste quiso apartar la mirada...pero lo absorbia, esa mirada parecía poseer toda la belleza oculta del mar.

-Has debido pasarlo mal...-Quimera le acercó un brazo y se lo posó en el hombro-¿cómo sobreviviste?
-Por suerte la embarcación de mis padres no fue descubierta, y me he podido ganar la vida buscando tesoros al igual que ellos.

-¿Y las espadas que mencionas son..?-Quimera posó su mirada en las armas de la joven que estaban apoyadas en la barra.
-Sí, son éstas. La inscripción las revela- giró las espadas hasta que la serigrafía de ámbas se mostraron ante su vista.

Una de ellas mencionaba: Brilla al alba con la bravura del mar. La otra: Reluce cual ola rompe en el altar.

-Veo que no tienes espada...-se fijó en sus dagas y en mi vaina desnuda y vacía.
-Digamos que la he perdido en una lucha..-sonrió Quimera.
-Je..te regalo una, elige la que quieras.
-¿En serio?-parecia extrañado.
-Claro, no sé porque pero confío en que cuidarás bien de ella.

Quimera eligío una de ellas y volvió a leer su incripción:  "Brilla al alba con la bravura del mar"
-Gracias, cuidaré bien de ella.
-No lo dudo.

Quimera se levantó y le dijo algo a Saphiro: -Vayamos a un lugar más tranquilo, quiero hablarte sobre algo. Se levantaron y se dirigieron hacia afuera.

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